LA PAGINA ELEFANTIL, Página Aguirre Botello

LA HISTORIA DE MANOLITO.
Las Lecciones Aprendidas

* Con "M" de Manolito
 

B I E N V E N I D O S



Autor:
Ing. Manuel Aguirre Botello
Diciembre, 2001

 

 

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Ing. M. Aguirre

 


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LAS LECCIONES APRENDIDAS.
Desde el mes de noviembre en que escribimos sobre mi hijo Manolito (que falleció en diciembre 16 de 1965) es evidente que todos pensaron que algo había faltado, sintieron que el tema había quedado inconcluso.

Les dije que estaba escribiendo la Historia de Manolito, pero en verdad es poco lo que he avanzado, sin embargo tuve la sensación de que faltaba por lo menos expresarles las que fueron mis conclusiones, a raíz de los dolorosos momentos que tuvimos que vivir en aquella, ya muy lejana, etapa de nuestra vida.

Hace unos días Maribel puso en la red un escrito que envió mi sobrina Charito al que denominó "Algo para Reflexionar" y allí describía la idea de que un ejército de Angeles permanentemente visita la Tierra y algunos de ellos por instrucciones Divinas, tienen como misión adoptar la forma humana y convivir con nosotros por un tiempo definido y en algunos de los casos venir aquí con un cierto grado de invalidez, enfermedad incurable o limitación física que le impida llevar una vida normal. Es decir, esos angelitos vienen a darnos un ejemplo de sufrimiento y ese ejemplo bien pudiera ser una explicación de lo que relato a continuación.

A fines de 1965, cuando Manolito murió, yo contaba con treinta años de edad, es decir era un hombre muy joven, como muchos de ustedes ahora; tenía apenas 3 años de casado y mi vida profesional había sido muy exitosa. Nuestro negocio caminaba sobre ruedas, tenía buenos ingresos económicos y para entonces aparte de contar con tres automóviles pequeños, era ya el propietario de dos casas totalmente pagadas, la de Oruro 49 y la de Norte 88 No. 6639, aparte tenía la de Norte 88 No. 6613 en proceso de pago por mensualidades. Desde ese punto de vista nada nos faltaba.

Mi salud no era tan buena, una enfermedad no mortal como lo es la artritis (en mi caso espondilitis que se da en la gente joven) había ido atacando mis articulaciones y menguando mis movimientos poco a poco; desde los 16 años de edad había empezado con dolores e inflamación en las rodillas solamente, pero para ese entonces los que padecía eran intensos e incluían hombros y espalda, específicamente mi columna vertebral. Alguien llegó a pensar que también serían incapacitantes y que debía prepararme para ello, aunque tenía fe en superarlo bien recuerdo haberle pedido al Arquitecto Solano que la escalera de la nueva casa de Oruro, la diseñara con poca pendiente para facilitar mi ascenso en el futuro y así se construyó.

Manolito había llegado a la casa de San Pedro, en Norte 88 No. 6613, en diciembre 14 de 1962, (nos habíamos casado en enero) y recuerdo que llegó con muchísima luz, tanto la que él trajo, como la que yo estaba construyendo, sin saberlo, para celebrar su llegada. El mismo día que él nació, se terminó el trabajo de Iluminación Navideña del Edificio de Oficinas Centrales del I.M.S.S. sobre el Paseo de la Reforma, la avenida más importante de la Ciudad de México y esa misma noche se encendió por primera vez. Eran miles de lucecitas de colores las que se habían colocado sobre la fachada del edificio y que brillaban con entusiasmo dando la bienvenida a nuestro hijo y a la Navidad y el Año Nuevo de 1963 que estaba por iniciarse.

Esa Navidad fue una de las más felices de nuestra vida, todos los contratiempos y molestias que había padecido Mela durante el embarazo se habían diluido con el gozo de tener a su pequeño hijo entre sus brazos. Yo también parecía querer olvidar las múltiples complicaciones que me había traído el tratamiento equivocado de mi enfermedad y dedicarme feliz a contemplar al hermoso angelito que llegaba para recompensarnos de nuestros pesares. Los abuelos ni se diga estaban más que embelesados con el bebé era otro Manuel Aguirre, creíamos que el tercero de la familia. Hoy muchos años después sabemos que un Manuel Aguirre inició en Riberas la que ahora es nuestra gran familia.

Para 1964 nuestro Manolito crecía con rapidez y nos admiraba su inteligencia y su facilidad de aprendizaje. Mela esperaba ya a nuestra segunda hija Maribel y yo continuaba trabajando con gran ilusión y ahínco. Mis metas eran bastante ambiciosas y ni aún los persistentes dolores impedían que todos los días trabajara sin descanso.

Para ese año, en una de esas difíciles mañanas de las personas que padecemos artritis, cuando el levantarse representa algo más que un sacrificio, porque al menos en mi caso, debía de vencer la rigidez de las rodillas y el dolor de la espalda; en mi interior y sin participarle a nadie más mis dudas y presentimientos acerca del futuro de mi precaria salud, tuve a bien lo recuerdo muy claramente, pedirle a Dios una sola cosa. No que me doliera menos, no que me curara de mis dolores, simplemente ante la terrible responsabilidad que sentía por mis hijos y mi esposa le rogué:

"Permíteme llegar a los cuarenta"

Tenía entonces 29 años y le pedía a Dios 11 años más de poderme bastar a mí mismo, para poder cumplir con mi cometido de formar una familia.

Dios me dio muchos años más, con el tiempo los malos augurios respecto a mi salud fueron menguando, pero en verdad estaba muy ajeno todavía de la gran prueba que tendríamos que pasar.

Manolito empezó a tener síntomas a fines de 1964 y de allí inició todo un año completo de terrible incertidumbre. Era una mezcla extraña de éxitos en mi trabajo, el proyecto y el inicio de la construcción de nuestra nueva casa, algo que había soñado desde niño y por otra parte la desesperación al ver que mi hijo no respondía a las expectativas y los tratamientos de los médicos.

Conforme la construcción de nuestra casa de Oruro avanzaba, la salud de nuestro hijo se deterioraba. Todo el gusto, toda la dicha de poderlo ver disfrutando de la pequeña alberca cubierta que construía, se veía ensombrecido con la falta de respuesta a los tratamientos.

Para julio de 1965 nos cambiamos a la nueva casa, pero nó, no hubo fiesta, no hubo celebración, Manolito seguía mal. Después de haber estado internado en el Hospital Infantil, el Dr. León Díaz nos hizo ver las pocas posibilidades que veía en el caso.

Desesperados buscamos todas las alternativas sin éxito, hasta que finalmente decidimos llevarlo al Scott & White Memorial Hospital de Temple, Texas. Allí estaba uno de los mejores médicos especialistas, había que hacer el último intento.

Lo demás ustedes los saben, lo escribimos en diciembre del año pasado, casi un mes de sufrimiento y la pérdida de nuestro hijo Manolito el 16 de diciembre de 1965..

Cuando volvimos a México tanto Mela como yo estábamos muy confundidos. Es claro, por lo que ya les comenté el año pasado, que yo había comprendido mejor el problema, pero Mela no cesaba de hacerse la misma pregunta una y otra vez...

"Porqué tenía que ser mi hijo, si él no le hizo mal a nadie"

Que difícil es contestar una pregunta como esa, que difícil para todos nosotros los que vivimos aquí en la Tierra, que ni siquiera sabemos porqué estamos y para que estemos y mucho menos, cuál es nuestro destino final.

Pero esa pregunta nos atormentaba.

No podía quedarme allí lamentando nuestra pérdida, tenía que seguir adelante, tenía que trabajar, pues aparte de todo habíamos contraído una deuda equivalente a un mes de tratamiento en hospital y tres operaciones quirúrgicas. Ellos habían sido muy amables y no me habían puesto plazo, me habían pedido que yo dijera como quería pagar y eso lo agradecí mucho.

Cuando salimos con rumbo a Temple, yo le había dicho a Mela que si era necesario vender la casa de Oruro con tal de curar a nuestro hijo yo estaba dispuesto a hacerlo. Nuestro hijo no se salvó por más esfuerzos que hicimos, la casa tampoco se vendió y logramos pagar la deuda en el plazo previsto. Desde luego que habría preferido lo contrario.

Para mediados del 1966, ir al Panteón los domingos llevando a Maribel en su carreola, se convirtió en la forma de sentirnos un poco mas cerca de él y decidimos construirle una capillita sobre su tumba.

Sentado en mi escritorio de la oficina-taller de Canal del Norte, buscaba afanosamente cuales eran las palabras más apropiadas que habría de grabar en su epitafio. Debía ser muy sencillo, pero que a la vez en pocas palabras nos mostrara el valor de su vida y la enseñanza que nos dejaba a pesar de su corta existencia. A continuación pueden leer las palabras que escribí para él:

NIÑO

MANOLITO AGUIRRE MARTIN

16 DE DICIEMBRE DE 1965.

MANOLITO:

FUE TU INOLVIDABLE SONRISA

ANTE EL DOLOR Y EL INFORTUNIO

QUIEN NOS AYUDÓ A RENOVAR

LA FE PERDIDA Y NOS ENSEÑÓ A SER

MÁS FUERTES ANTE LA ADVERSIDAD.

TUS PADRES


La pequeña capilla que fue construida en 1966
mostrando el epitafio al fondo.

Con el paso del tiempo, fui tratando de entender cuales eran las lecciones que nos había dejado esa triste etapa de nuestra existencia y hoy que están presentes en este grupo, muchos jóvenes afortunados que disfrutan de la compañía y perfecta salud de sus hijos he querido dárselas a conocer, pues estoy seguro que les resultará de interés.


SONRIE ANTE LA ADVERSIDAD.
Durante muchos años, después de la muerte de Manolito y cuando estaba solo, solía poner una pieza interpretada por Johnny Matis que se llama "A Certain Smile", Chela debe recordarla muy bien, pues ese disco o era de ella, o alguna vez me lo regaló, mas no lo puedo asegurar. Es una pieza triste, tal como era también la sonrisa permanente de mi hijo, la cual conservaba a pesar de su amargo sufrimiento. El se quejaba muy poco, era un Manuel Aguirre como mi Papá, que tampoco le gustaba quejarse o lamentarse de las cosas.

En lo personal, esa fue la primera y más grande lección que recibí de mi hijo, al observar la forma tan valiente y tan abnegada con que afrontó siempre su enfermedad.
Esa cierta y triste sonrisa jamás la podré olvidar y a la vez desde entonces, procuro conservarla aún en los momentos más adversos de mi vida.


La última foto de Manolito, tomada en el mes de agosto
de 1965, en donde muestra esa triste sonrisa.



TU PUEDES HACERLO
.
Cuando uno es joven suele pensar que cierto tipo de cosas no las puede hacer, que no está capacitado para ellas, que no nació para afrontarlas. En mi caso especial no estaba acostumbrado a moverme en el ambiente de médicos y hospitales, al menos en lo referente al contacto con enfermos; pues por cuestiones de trabajo para el IMSS, era frecuente que participara construyendo o remodelando las instalaciones eléctricas de esos sitios.

Nuestra familia nunca había vivido un caso como el de Manolito, de chicos fuimos muy sanos y mis papás rara vez se enfermaban. Yo era un enemigo de las medicinas y de los médicos y no se diga de los análisis de sangre, las inyecciones y todo aquello que involucraba el sufrimiento de las personas. ¡Era malo hasta para tragar pastillas!

La verdad no estaba preparado para eso, no habría querido tener que afrontarlo nunca, hoy todavía lo rehuyo, ni siquiera soporto ver una herida o una operación en la televisión. Muchas veces me mareaba cuando me sacaban sangre de las venas.

Pero aquel año, 1965, fue muy distinto, jamás pensé que tendría que ser el que siempre estuviera muy junto a mi hijo, animándolo, sosteniéndolo, cuidándolo, mientras los médicos tenían que practicarle los estudios, las endoscopías o bien implantarle las horribles agujas en sus pequeñitas manos.

Claro que a mi esposa también le tocó vivir ese calvario, pero recuérdese que hubo un momento en que tanto ella como mi hijo se encontraban encamados en el mismo Hospital, pues a ella tuvieron que extraerle un cálculo renal mediante una operación. Es increíble el poder de la mente humana, tenía que hacerlo, era lo menos que podía hacer por mi pequeño hijo y por fortuna y con la ayuda de Dios pude hacerlo.

Esa fue la segunda gran lección que aprendí. Cuando algo es imprescindible o emergente, nunca digas no puedo, ¡Es seguro que si podrás!


DIOS NO SE EQUIVOCA.
Es muy posible, que la más grande lección que recibí en ese entonces, fue el reconocimiento absoluto de que Dios no se equivoca.

Es cierto, algunos seguirán diciendo que porqué razón nuestro hijo tuvo que ser el portador de aquella colitis ulcerosa crónica, de origen desconocido e incurable. Porqué razón, tenía que ser específicamente él...

Pero para eso no hay respuesta... nadie lo sabe.

¿Son ejemplos? Como dice el mensaje de Charito...bien pudiera ser.

Pero mientras tanto, lo único que he podido comprender a lo largo de los años transcurridos, es que vivimos siempre dentro de un justo y preciso equilibrio. Es un equilibrio Divino que mantiene todo en perfecto orden y contexto...a pesar de nosotros los humanos.

Todos los días sale el Sol, todos los días disponemos del agua y la luz que requerimos para vivir, nuestro sistema planetario se mantiene en movimiento cronométrico y todos los días asistimos al milagro del nacimiento de un nuevo ser. Ese ser viviente será distinto a todos los demás, será único, no habrá otro igual a él. Ese ser podrá ser hombre o podrá ser mujer, pero hay algo todavía más asombroso, de alguna manera y cumpliendo con ese equilibrio Divino que percibo, mantendrá esa proporción casi exacta, que permite existan tantos hombres como mujeres nazcan. ¿No es maravilloso?

Ahora preguntémonos... ¿Pero porqué razón?

La respuesta es la misma... no hay respuesta... nadie lo sabe.

Cuando salimos rumbo a Temple, recuerdo muy bien que subí al avión cargando con uno de mis brazos a Manolito, tenía esperanzas de que de igual manera habríamos de regresar en unos días con un nuevo tratamiento para mi hijo. Quería que él viviera, no lo quería perder por nada del mundo. Pero no fue así... Manolito nunca regresó vivo.

El día 10 de diciembre de 1965, en uno de los escritorios de la Central de Enfermeras del Hospital S&W, muy cerca de su cuarto y utilizando un formato de Receta Médica, escribí por el frente de ella para nosotros y por detrás para Dios, lo siguiente:

Si no estuviera clara la letra que escribí por detrás de la receta médica, el texto es el que sigue:
Diciembre 10 de 1965.

Dios:
Dame el valor suficiente para resistir esta pena, me desgarra el alma verlo sufrir así, quisiera en momentos que mejor volara hacia Ti. Perderlo sería realmente quedar sin lo que uno más quiere y anhela en la Tierra. Pero no es justo que sufra más...Dios mío, es tu hijo, llévalo.
No quiero ser egoísta....prefiero sufrir su ausencia.

Esto ocurrió 6 días antes de su muerte y todavía nuestro angelito tuvo que soportar una operación más, que prácticamente desgarró su pequeño cuerpo.

¿Cómo fue, que de mi absoluta certeza de querer conservar ante todo a mi hijo, 6 días antes de su muerte había cambiado mi parecer y reconocer que lo mejor para él, era regresar al cielo?

¿Había perdido la fe?... no lo creo.

Más bien considero que comprendí a tiempo la lección que Dios quería darme.

No podía aferrarme a conservar algo que consideraba me pertenecía, sin evaluar primero el costo que tendría para mi hijo. Habría sido demasiado egoísta.

Y eso es lo que yo presentía en esos días previos a su muerte, había vislumbrado mucho más allá del simple hecho de querer tenerlo siempre conmigo. Había visto como en una película rápida lo que sería el resto de la vida incompleta del pequeño. Su desarrollo, su sufrimiento, su relación con otros niños completamente sanos, comenzando por sus propios hermanos.

Habría sido un terrible calvario que se prolongaría hasta nuestros días.

Dios nunca se equivoca.... en realidad eso era lo mejor para todos.

Lástima que a veces no estemos preparados para comprender ese maravilloso equilibrio Divino, en el cuál se nos permite vivir.

Lástima que nos lamentemos y reneguemos siempre de lo que tenemos, o nos sucede.

Lástima que a veces no seamos capaces de ver un poquito mas allá del egoísmo de nuestros ojos.


NADA ES PARA SIEMPRE.
Es evidente y del anterior capítulo se deduce que "nada es para siempre". Ni la vida, ni la tristeza, ni la enfermedad, ni el sufrimiento, ni tampoco la felicidad, el éxito y el gozo de nuestra existencia.

Hay un equilibrio Divino perfecto.

Lo que sucede es que nunca sabemos, exactamente en que orden y sentido se dará.

Es la gran incógnita.

Y el resultado final solamente lo conocemos conforme nos vamos acercando inexorablemente a eso...al final de nuestra vida y la recorremos de arriba abajo y así podemos analizar con más detalle todos nuestros éxitos y nuestros fracasos, todos los momentos tristes y todos los momentos felices. Al menos esa es una ventaja de ser viejo, él poder ver más claramente la evolución de los hechos y comprenderlos mejor, pero creo que no está de más que muchos jóvenes se den cuenta desde ahora, de que es así.

Nada es para siempre y esa también fue una gran lección para mí. Pronto tuve que reincorporarme al diario trajín de la vida, sin jamás olvidar a Manolito, pero si acostumbrándome a vivir sin él y recordándolo mejor a través de sus ejemplos y sus días felices.

Nada es para siempre y pronto tuvimos momentos de felicidad, no estábamos solos, nuestra hija Maribel, Dios había querido dejarla con nosotros y pronto también llenó de alegría, de risas y de cantos nuestra casa. Es claro que las risas y los cantos llegaron cuando más los necesitábamos.

Nada es para siempre y pronto también quiso Dios, que dentro de ese equilibrio maravilloso que percibo, llegarán a nuestras vidas DOS hijos varones, no a substituir a Manolito, llegaron a darle vida y sentido a nuestra existencia.

¿Alguno de ustedes, habrá pensado como y porqué nuestros dos hijos fueron varones?

¿Cómo fue que si dentro del equilibrio perfecto al que me referí antes, y sabiendo que el resultado total de los nacimientos resulta ser siempre la mitad hombres y la otra mitad mujeres, nosotros que habíamos perdido a un hombrecito, tuvimos DOS más? Tres hombres contra una mujer.

¿Por qué razón?...va en contra del equilibrio... ¿será?

La respuesta es la misma... no hay respuesta ... nadie sabe el porqué y como sucede.

Lo que sí es posible, es que Dios haya querido mitigar un poco nuestro sufrimiento y enviarnos dos hijos varones a cambio de que un par de matrimonios en algún lugar de este mundo, lograran también la llegada de una hijita, que posiblemente esperaban con ansia.

Al final de todo lo dicho, lo más importante es que podamos comprender y entender que "nada es para siempre".

Todo cambia... estemos conscientes de ello y no nos lamentemos tanto, ni nos regocijemos demasiado.


HAY GENTE BUENA EN EL MUNDO.
El viernes pasado fui a una Tienda de Autoservicio y efectuaba la devolución de un artículo que había comprado, cuando llegó un señor humilde posiblemente de algún ranchito cercano a Querétaro y entregando su ficha recogió las bolsas que había dejado encargadas mientras compraba en la tienda, se sentía tan agradecido del servicio recibido, que sacó de la bolsa una moneda de 5 pesos y se la daba a la joven encargada. Es claro que ella no la aceptó a pesar de la insistencia "Ándele tómela para que se compre un refresco". Yo le expliqué que la empresa les tenía prohibido recibir obsequios, pero que mejor les diera la moneda a los cuidadores de automóviles que estaban en el estacionamiento a pleno rayo del sol. Entonces él me dijo "No, si a ellos siempre les doy"

Me quedé pensando cuantas veces muchos de nosotros, por prisa o por lo que sea, nos vamos y no les damos nada y que, una persona humilde de escasos recursos como ese señor, siempre está dispuesto a darle algo de lo suyo a los demás. Fue un buen ejemplo.

Y ese ejemplo, esa lección la vivimos nosotros mismos en Temple, hace mas de 33 años.

Llegamos solos a un lugar lejano y sin embargo mucha gente se acercó a nosotros para ayudarnos y para animarnos. Varios descendientes de mexicanos que vivían en aquel pequeño pueblo hacían su labor social visitando a los enfermos del Hospital, muchos como nosotros éramos desconocidos para ellos y sin embargo hacían su labor reconfortándonos y dándonos ánimos y consejos. Los había católicos, pero también protestantes y de otras religiones. A fin de cuentas todos creían en el mismo Dios, todos nos traían el mismo mensaje.

Mela fue la que más cerca estuvo de ellos y en verdad se sintió tan sorprendida de la manera en que le apoyaban y le aconsejaban, que cuando regresamos a México y cuando el paso del tiempo se lo permitió, dedicó parte de su tiempo a brindar servicio social a los enfermos.

Lo ha hecho desde hace muchos años, en los Asilos de Ancianos, en un Dispensario Médico de servicio gratuito en Ticomán y aquí en Querétaro a través del Grupo de Damas Vicentinas en el Hospital General.
La gran diferencia es que ella es de las que trabajan y no de las que figuran en las páginas de sociales de los periódicos.

Yo también he participado en Hogares Providencia de Querétaro, institución que se dedica a la rehabilitación de los niños callejeros, pero mi labor es de asesoría y de administración y no estoy en contacto directo con los niños.

Los señores Naranjo, eran una pareja de mexico-americanos que vivían allí en Temple y estuvieron muy cerca de nosotros, eran católicos y cuando Manolito empezó a estar grave ellos se ofrecieron como padrinos de Confirmación del niño. Cuando Manolito murió, nos llevaron a su casa, que era bastante pobre y nos dieron, según recuerdo, de desayunar, mientras mi hermana Chela, otra gente buena que nos ayudó junto con mi cuñada Tina en aquel trance tan difícil, me ayudaba para hacer rápidamente los trámites de traslado de los restos del niño a la ciudad de México y en el mismo avión en que regresaríamos nosotros.

Ya les comenté antes como Tina y Chela mi hermana llegaron a Temple unos días antes de la muerte del niño y su ayuda fue invaluable.

Pero no fueron los únicos tengo algunas tarjetas del cumpleaños tercero de Manolito, dos días antes de su muerte, de Alicia P. Reza, de Elida Román y del Dr. Myers, el Dr. Gilliand y el Dr. Young, junto con todas las chicas del Laboratorio, que día a día estaban pendientes de su evolución a través de los análisis que le efectuaban.

Otras personas como el Dr. Ibarra, que recientemente tuve el gusto de saludar allá en Temple nos brindaron su apoyo y gracias a él debo mi recuperación permanente de la espondilitis. Las personas del Departamento Internacional que fungían como interpretes fueron siempre amables y colaborativas.

Otros médicos, de los que he olvidado el nombre y personas como la Sra. Russell y la Sra. Clarita Kilbrit, que fueron compañeras de cuarto de Mela durante la recuperación de su operación renal, continuamos viéndolas después. La primera cuando viajó con toda su familia a México en 1967 y tuvimos el gusto de atenderlos, la segunda porque vivía en México y nos invitó a comer a su casa. La señora Rusell intercambió correspondencia con nosotros durante muchos años. Los señores Naranjo también estuvieron con nosotros cuando viajaron a México para poder conocer la Villa de Guadalupe.

Hay gente buena, en cualquier parte del mundo....eso es un hecho.


EL DINERO NO SIRVE PARA TODO.
Yo pienso, que una de las más grandes lecciones que jamás recibí, fue el reconocer de manera tan tajante, tan terriblemente dura, que el dinero... el dinero que había ganado honestamente y con mucho esfuerzo, no me iba a servir para todo.

Tal como les mencioné al principio, en ese año viví una extraña mezcla de éxito en los negocios, que me permitió construir una nueva casa, la de Oruro 49, y paralelo a ello ver como la salud de mi hijo se quebrantaba día tras día sin remedio.

Cuando eres joven, tienes ilusiones y grandes proyectos. En mi caso, había llevado una vida tranquila y sin mayores privaciones en mi vida de soltero, pero en casa no había dinero de sobra, Papá era un gran administrador y lo hacía rendir a duras penas, incluso trabajando un turno extra por las tardes.

Cuando terminé mi carrera, lo primero que quise hacer fue corresponder al esfuerzo de mis padres y me puse a trabajar arduamente y claro buscaba con ahínco hacer un buen trabajo para poder ganar más dinero. Más pronto que tarde lo logré.

Todo parecía marchar excelentemente bien, mi buena estrella me ayudaría en todo lo que me propusiera.

¡Y vaya que estaba equivocado!

Mis éxitos en los negocios, no se estaban reflejando en mi salud, ni en la de mi hijo Manolito, pero creía que todo tendría remedio, tan solo bastaría con ver a los mejores médicos y ellos nos sacarían adelante. Podría pagar las consultas y las medicinas que fueran necesarias.

Si a lo anterior le añadimos que en una carrera técnica como la mía, todas las soluciones a los problemas son exactas y precisas, yo tenía la idea de que en la medicina las cosas eran iguales. Tan solo bastaba que el médico aplicara el medicamento adecuado.

Por desgracia supe tiempo después, que la medicina no es una ciencia exacta y que los médicos, a pesar de sus grandes avances, saben muy poco todavía de nuestro propio organismo.

Cuando salimos a Temple, ya lo dije antes, estaba decidido a vender la casa nueva, con tal de curar a mi hijo.

Cuando regresé de Temple, supe aquilatar mejor el valor del dinero, ni aún vendiendo la casa habría curado a mi hijo.

Estuve consciente de que gracias al dinero ganado había podido brindarle la mejor atención a mi hijo, lo pude llevar al sitio donde estaba uno de los mejores médicos y pagar las consultas.. Pero nada más.

Esa fue una gran lección que Manoloito nos legó: El dinero no sirve para todo.....


PERO ES BUENO CUIDARLO.
Cuando era muy chico, pero muy chico, había una canción que decía, pues ya ven que la mejor filosofía del mundo está en las letras de las canciones, (pues suele suceder que los autores las escriben basados en sus vivencias), bueno pues decía:

El que tenga un amor
Que lo cuide, que lo cuide.
La salú y la platita
Que no la tire, que no la tire...

Y así en ese tenor habrá seguido la letra, pero como la letra y la música del principio era bastante pegajosa, pues todavía la recuerdo.

Así que aparte de cuidar el amor, tanto el de la esposa, como el de los padres y los hijos, habrá que ser sumamente cuidadosos con la salud y con el dinero.

Todo va estrechamente ligado y debemos dedicarle el tiempo correspondiente.

Con el paso del tiempo, las cosas cambiaron. Mi salud mejoró, Mela también gozó de excelente salud después de su operación, Maribel siguió creciendo sana y alegre, un varón, José Manuel nació en 1967 y otro más, el último de nuestros hijos, Juan Carlos nació en 1971.

Se fueron los nubarrones y aquellos años felices que vivimos después, los hemos dado llamado "Los años de Mafalda", y considero que han sido los mejores de toda nuestra existencia.

Había buena salud, algo de dinero y suficiente amor.

Mi hijo José Manuel en un libro de Mafalda que me hizo el favor de regalar y dedicar (una dedicatoria de 2 páginas) en 1994, con motivo de mi cumpleaños, describió de manera excelente lo que eran aquellos días.
Se que a él no le disgustará que les transcriba esa parte donde nos habla de los felices años de Mafalda y yo no podría hacerlo tan bien. Léanlo por favor:

"Ella llegaba muy temprano todos los domingos a la casa de Oruro 49 y cuando bajabas a desayunar (justo después de haber ido a nuestros cuartos a despertarnos haciéndonos cosquillas y el riguroso análisis manar para poder tener derecho a desayunar) ella ya te estaba esperando."

"Siempre envuelta entre buenas y malas noticias con su singular aroma a recién impresa y fresquecita como siempre de muy buen humor."

"Así pues, entre un olor a tinta, café recién hecho y huevos revueltos con tocino, una mezcla de sonidos conformada por música de los domingos, a veces Stereo Rey; ladridos de perro inconforme, recogido y corriente; gritos de niños peleoneros, tres como perros y gatos y una voz dulcecita de Mamá cantante, aquella "M" pasaba por tus ojos y los hacía brillar un poquito más, acompañados por tu maravillosa sonrisa"

"Hoy te devuelvo a Mafalda para que sigas sonriendo y continúes tu vida con la "M" por que al igual que tu sonrisa, tu vida con la "M" y con Mela, Manolito, Maribel, Manuelito y Juan Carlos (la excepción que confirma la regla) ha sido siempre Maravillosa"

"Gracias por tanto aMor"

"Sigue sonriendo"

Y así como dice José Manuel transcurrieron aquellos años felices, los setentas, y todavía estaba allí, habían transcurrido ya los 11 años que le pedí a Dios y seguía vivo y en activo. Los peldaños de la escalera de Oruro que había dejado con poca pendiente, solía subirlos de dos en dos.

Sin embargo, ahora poseía más experiencia, había pasado por una etapa difícil de la vida y me había dado cuenta que para salir adelante se requiere de recursos económicos, veía crecer rápidamente a mis hijos y quería brindarles una muy buena educación, eso también requería de recursos. No todo se resuelve con dinero, pero eso sí, ...como ayuda.

Si todo es cambiante en la vida, porqué no empezar desde entonces, cuando estás en la cúspide de tu capacidad profesional e intelectual, a formar un fondo de ahorro que te brinde esa tranquilidad, sabiendo que podrás cumplir con tus metas y gastos emergentes y vivir después una vejez digna.

Aunque suena lógico, no es común que cuando eres joven pienses así, uno imagina que los buenos ingresos los tendrá siempre y no es verdad. Eso propicia un gasto excesivo y a veces desordenado. Cuidado.

Así que no se olviden:

El que tenga un amor.. que lo cuide, que lo cuide
La salú y la platita.......que no la tire, que no la tire.


SOBRE PROTECCION Y CARIÑO.
Más que una lección, para nosotros la sobreprotección resultó ser una consecuencia del dolor que vivimos. Sin darnos cuenta, nuestras actitudes reflejaban ante nuestros hijos un exceso de protección, un deseo incontrolable de que nada les fuera a pasar.

No podíamos ni siquiera imaginar, que ninguno de nuestros hijos pudiera pasar por un sufrimiento igual al de Manolito.

Cuando los hijos son pequeños es relativamente fácil darles tu protección y cariño, siento que ellos lo desean y se sienten seguros y agradecidos cuando los padres están siempre pendientes de sus actos y sus necesidades.

Pero en mi caso, lo que más trabajo me costó entender, es que cuando los hijos crecen y se convierten en adolescentes es común que rechacen la protección que quisieran brindarles los padres.

Uno como padre, aún relativamente joven, no puede entender por qué razón aquel niño cariñoso y amable con el que caminabas pasándole el brazo por la espalda y poniendo tu mano sobre su hombro, de repente crece y te rechaza abiertamente.

Es la rebeldía de la juventud, quieren aprender de sus propios errores y no aceptan que sean los padres quienes les marquen el camino seguro. No cabe duda que es una etapa muy difícil y muy peligrosa para ambos, el padre y el hijo.

No hay receta segura, pero imagino que en mucho influye la forma en que fueron educados de niños y el ejemplo que recibieron en casa, para que sean capaces de sortear con éxito tan complicado camino de la vida. El cariño, cuidados y tiempo que se les dedique de pequeños será fundamental en su desarrollo.

Años después, cuando ya son adultos, basta con leer las frases escritas en 1994 por mi hijo José Manuel, renglones arriba, para darse cuenta de que tarde o temprano los hijos reconocen el esfuerzo de los padres. Nuevamente podrás pasar tu brazo y colocar tu mano sobre su hombro, sin el temor de ser rechazado; pero aún hay algo más, es muy probable, como a mí me ha sucedido que sea mi hijo, quien pase su brazo y coloque su mano en mi hombro y ahora sea yo mismo, quién me sienta protegido.
No cabe duda, en este Mundo... NADA ES PARA SIEMPRE.


CONCLUSION.
Las lecciones que me tocó recibir de Manolito, son el legado más valioso que poseo y junto con la educación que recibí de mis padres me han servido de norma para poder navegar por la vida.

Nunca sentí que mi hijo se hubiera ido para siempre, he sentido de alguna forma su presencia y no dudo de su intervención en los momentos difíciles.

Hoy son muchos los años transcurridos desde aquella mañana de 1964, cuando al levantarme en la casa de San Pedro le dije a Dios "Permíteme llegar a los cuarenta".

Hoy no sé explicarme bien si en su cuna, mi pequeño Manolito de apenas un año y medio de edad, estaba escuchando también mi plegaria.

Hoy tantos años después, no quiero ni siquiera pensar, que él haya decidido partir, para que yo pudiera vivir y cumplir con la misión que me fue encomendada.

Hoy tantos años después... tan solo sé que: No tengo la respuesta... ¿Quién puede saberla?

Pero para la Navidad del año pasado, mi cuñada Tina, aquella buena hermana que nos acompañó en los últimos días de nuestro trance en Temple, me dijo: "Ahora verás, ahora que vaya te voy a llevar un papelito que dejaste escrito en la sala de espera, cuando estaban operando por segunda vez a Manolito, nunca había querido dártelo para no recordarte momentos tristes. "
Cuando Tina llegó yo estaba curioso por saber que había en aquel papel que tuve en mis manos 33 años atrás y que no recordaba. Cuando me lo dio y lo desdoblé encontré la imagen de un niño, muy mal dibujado, montado en su bicicleta de dos ruedas, que dirigiéndose a mí, me expresaba: "PU QUE NO VENIAS PAPILIO"
Esas fueron las palabras que algunas veces pronunció mi hijo, cuando yo tardaba un poco en llegar a la casa.

Hoy tantos años después...¿Será que mi querido hijo me lo está preguntando otra vez?

No tengo respuesta...

Pero sabes, querido hijo, un día de estos podré estar nuevamente contigo y te aseguro que muy felices podremos remontar las nubes, para enseñarte a manejar esa bicicleta de dos ruedas, que nunca pudiste tener.
Eso si te lo puedo asegurar.

Tu papilio Manolo.


 
 
Este texto se terminó de escribir en Querétaro, Qro., el domingo 4 de abril de 1999, pero no fue instalado en la página personal hasta el mes de diciembre de 2001.
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Última revisión: Viernes, 22 Abril 2011.