CAPÍTULO
11. ELECTRICIDAD
MÁGICA.
odemos
ponerle una piel metálica a una estatuilla de plástico,
brillante y duro cromo a la defensa de un automóvil,
recuperar "impurezas" de oro y plata del cobre,
para convertirlo en cobre más puro, fabricar discos
fonográficos, ponerle una piel de oro a otros metales
más baratos, darle hermosos colores al aluminio y aún
fabricar metales antes inexistentes, etc. Todo esto
lo hacemos por medio de la electricidad. ¿No es
por lo tanto ésta, una electricidad mágica? Si
colocamos dos placas de cobre en una solución de sulfato
de cobre (CuSO4) y hacemos pasar una corriente,
observaremos que una placa se va engrosando, mientras que
la otra se adelgaza. Este
procedimiento se utiliza en las refinerías de cobre para
producir cobre electrolítico, del que utilizamos en
nuestros alambres eléctricos y que debe de tener un
grado de pureza mayor que el 99.9%. Para ello
se utilizan láminas de cobre puro como cátodos, o sean
los electrodos negativos donde se van a depositar los
átomos de cobre que se forman de los iones de cobre de
la solución al recibir sus electrones faltantes. Los
ánodos, o electrodos positivos, son formados por gruesas
placas de cobre impuro, de los que los átomos de cobre
van a pasar a la solución formando más sulfato de cobre
y las "impurezas", oro y plata, entre otras,
caen al fondo de las cubas electrolíticas en forma de
lodos para ser recuperadas. Si en una
solución de ácido sulfúrico, colocamos dos placas de
plomo y hacemos pasar la corriente, aunque los químicos
no nos han podido aclarar exactamente todas las
reacciones químicas que suceden, resulta que en una
placa se deposita plomo puro y en la otra se forma una
costra de sulfato de plomo. Si
interrumpimos la corriente, observaremos que existe un
voltaje o sea una tensión eléctrica entre los
electrodos de plomo y de sulfato de plomo (la costra que
se ha formado sobre nuestro electrodo negativo) Gran
parte, (no toda) de la energía eléctrica que se
utilizó al hacer pasar corriente por nuestro acumulador,
se convirtió en energía electroquímica, que queda así
"cargado", es decir, convertido en una pila que
nos puede propor-cionar gran parte de la energía
eléctrica con que lo cargamos. La razón
por la que no toda la energía con que cargamos el
acumulador, se convierte en energía
electroquímica, es debido a que parte se convierte en
calor, producido al pasar por los alambres la corriente
con que cargamos la batería, calor que "se
pierde" al ser radiado al espacio, o conducido al
aire que rodea al alambre. Nuestro
proceso no es 100 % eficiente. Si
descargamos totalmente nuestro acumulador, , los dos
electrodos quedan cubiertos por una película de sulfato
de plomo y la acción electrolítica se neutraliza, ya no
nos produce voltaje. Como todos
los fenómenos químicos se realizan en la superficie, ha
sido de interés aumentar ésta lo más posible, sin
aumentar el tamaño de los acumuladores. Para ello se
construyen los electrodos con un enrejado de plomo: uno
de ellos se rellena con una pasta de litargirio (óxido
de plomo) y el otro con una pasta formada por
sesquióxido de plomo y ácido sulfúrico. Con esto
se aumenta considerablemente la capacidad del acumulador.
Este tipo de acumulador ácido, tiene poca resistencia
interna y nos puede producir una corriente muy grande
momentáneamente, tal como la necesitamos por ejemplo en
el arranque de un automóvil. Existen
también acumuladores alcalinos, cuya vida es más larga
y que son relativamente más baratos, con los que se
fabrican baterías que se usan donde no son necesarias
corrientes momentáneas muy altas, por ejemplo para la
operación de interruptores en las subestaciones
eléctricas o para operación de lámparas de emergencia. Veamos
ahora otra aplicación de nuestra electricidad química, Sobre un
disco de cera, que se hace girar a velocidad constante,
una aguja de diamante traza surcos separados una
fracción de milímetro, de una misma profundidad. La
aguja se hace vibrar, desplazándola horizontalmente, a
la frecuencia producida por determinado sonido y el surco
se convierte en un camino sinuoso debido a esas
vibraciones. Sobre el
disco así "grabado", se coloca una finísima
capa de grafito, que es un material conductor. Se coloca
como cátodo en una cuba electrolítica con un ánodo de
plata y un electrólito de sales de plata. Se hace pasar
la corriente y queda nuestro disco cubierto con una
delgada película de plata. Se lleva a una segunda cuba,
donde se repite el procedimiento, pero ahora se recubre
con una gruesa película de cobre. Así se
produce un disco "patrón", que es una imagen
del original, lo que antes eran surcos, son ahora
protuberancias. De este
disco patrón, por el mismo procedimiento se obtienen
varias "madres", o sea discos similares al
original. De estas
se obtienen varios "positivos", que son los que
sirven para imprimir las copias que se lanzan al mercado. Como
verán, los antiguos discos de 78, 45 ó 33 rpm, eran la
copia de la copia de la copia del original. Actualmente
la música viene empaquetada en "discos
compactos", que utilizan un rayo láser, o en cintas
magnéticas, de lo que platicaremos mas adelante. El proceso
electroquímico nos sirve para reproducir con toda
fidelidad los más mínimos detalles. Así
podemos reproducir monedas o medallas antiguas, fabricar
tipos de imprenta, hacer placas en relieve o grabadas,
etc. También
esta electricidad química, nos sirve para hacer
aluminio. El
aluminio, a diferencia de otros metales como el oro, el
cobre, el mercurio, etc, no se encuentra en la naturaleza
en su forma metálica y ha sido en realidad un metal
hecho por el hombre. Desde
fines del siglo dieciocho, químicos como Lavoisier,
pensaban que la alúmina era el óxido de un metal, el
cual no había podido ser "fabricado" por
procedimientos químicos. Este
óxido de aluminio se encuentra en la naturaleza en muy
diversas formas, desde el esmeril y la arcilla, hasta en
piedras preciosas como el zafiro y el rubí. El primero
en producir aluminio metálico fue Roberto Bunsen en
1854, haciendo pasar una corriente eléctrica en una
mezcla de cloruro de aluminio fundido y sal común,
produciéndose cloro y gotas de aluminio metálico.
Este
proceso perfeccionado por Pablo Hérault en Francia y
Carlos Hall en Estados Unidos es el que se utiliza
fundamentalmente en la actualidad. Alumina
purificada, se disuelve en criolita fundida y en esta
solución se hace pasar una gran corriente eléctrica
entre electrodos de carbón, corriente que no sólo sirve
para llevar a cabo el proceso electrolítico, produciendo
aluminio metálico fundido, que se recoge del fondo de la
cuba y oxígeno, que reacciona con los electrodos de
carbón, produciendo óxidos de carbón, sino que
también la corriente eléctrica produce el calor
necesario para tener la solución a 950 grados
centígrados, bastante mayor que la temperatura de
fusión del aluminio (659 Grados Centígrados). El
aluminio fundido se extrae del fondo de la cuba y lo que
se gasta, aparte de la gran corriente eléctrica, son los
electrodos de carbón, que se tienen que reemplazar y el
mineral (criolita) que se tiene que estar agregando al
electrólito. La
electroquímica es una de tantos territorios casi
inexplorados, en los que pocos se quieren meter, los
electricistas piensan que es territorio de los químicos
y éstos, que es de los electricistas. De
cualquier manera falta mucho por hacer y por investigar. Algo se ha
hecho, por ejemplo las "celdas de energía". En estas
celdas, se ha tratado de producir energía eléctrica
directamente mediante el uso de algún
"combustible". El
producir energía eléctrica directamente de la energía
química, se ha tratado de hacer desde fines del siglo
pasado. Fue en
1839 cuando Guillermo Grove tuvo éxito en lograrlo al
fabricar lo que él llamó su batería de gas. Consiste
esta celda, bautizada actualmente con el nombre de
"hydrox", en un recipiente dividido en tres
cámaras por medio de dos paredes intermedias hechas de
platino poroso. La cámara
central, limitada por las dos paredes de platino, se
llena con una solución de ácido sulfúrico. En una de
las cámaras laterales se pone a presión hidrógeno y en
la otra oxígeno, también a presión. Los iones
de hidrógeno de la solución (positivos), toman sus
electrones faltantes de los átomos de oxígeno a través
de los poros del platino y forman agua (H2O). Los iones
del radical SO4 (negativos), ceden sus electrones libres
al hidrógeno formando ácido sulfúrico H2SO4. La
reacción se mantiene inyectando oxígeno e hidrógeno a
la celda y produciéndose agua y energía eléctrica
entre los electrodos. Una
versión moderna de esta celda, bautizada con el nombre
de "Hydrox", por J.T.Bacon en Cambridge,
consiste en un electrólito de hidróxido de potasio y
electrodos de níquel poroso, opera a 400 grados
fahrenheit y a una presión de 400 libras por pulgada
cuadrada. Esta celda
experimental de Bacon, ha producido una potencia de 6 KW
(seis mil watts) con una eficiencia de conversión de
energía química en eléctrica superior al 80 %. Actualmente
se experimenta en todo el mundo con tipos de celdas
similares y parece ser que el uso de gases como
"combustibles" son los más prometedores para
llegar a producir una celda económica. Esto ya se
ha logrado (1997) y ya circulan en Chicago autobuses
impulsados por energía proveniente de celdas de
combustible (hidrógeno). La
Mercedes Benz, ya tiene un automóvil experimental
operado por celdas de combustible basadas en un proceso
canadiense. Se espera
que para el año 2005 ya circulen automóviles impulsados
por energía proveniente de celdas de combustible que se
cargará en gasolineras como los coches actuales, pero
con una eficiencia del doble de los actuales y sin
producir contaminación. |