ELECTRICIDAD Y ESAS COSAS
Capítulo 21

DIOS MÍO ¡ESTE APARATO HABLA!
 
 


Autor:

Ing. Víctor Cires
 Gavidia

Octubre, 2003

C

El emperador de Brasil, don Pedro, había asistido a la Exposición Universal de Filadelfia de 1876, con toda su comitiva.
Al acercarse al sitio donde Alejandro Bell exponía al mundo sus aparatos, con la esperanza de despertar interés por ellos, tomó el auricular y se lo acercó al oído.

El asombro que se dibujó en su rostro, a la vez que dejaba caer el aparato al suelo como si estuviera embrujado, fue rubricado por la exclamación:
¡Dios mío, este aparato habla!
La frase pronunciada por este personaje, fue la chispa que despertó el interés por el invento de Alejandro Graham Bell.
¡Para el mundo, había nacido el teléfono!
El sencillo aparato que había construido el joven Bell, consistía básicamente en un pequeño imán sobre el que había enrollado una bobina, enfrente del cual había colocado una delgada placa metálica de fierro en la que hablaba.
Las ondas sonoras, que son ondas que se propagan en el aire longitudinalmente, es decir en el mismo sentido en que viajan, son vibraciones que se producen al comprimirse las moléculas del aire, que vibran como un resorte, como si fueran un acordeón.
Estas ondas sonoras, al llegar a la plaquita de fierro, la hacen vibrar.
Al acercarse o alejarse la laminilla de fierro del imán, varía la reluctancia del circuito magnético, ¿recuerdan lo que es la reluctancia? o sea la facilidad (o dificultad) para que se formen las líneas de fuerza y por lo tanto varía la intensidad del campo magnético.
Este campo magnético variable induce un voltaje en la bobina de la misma frecuencia que el sonido que lo produjo.
Al conectar con dos alambres la bobina de este "micrófono", a la bobina de otro aparato idéntico, circulará una corriente entre ambas.
La corriente que circula en la bobina del segundo aparato "audífono" es de la misma frecuencia que el voltaje que la produjo (el sonido).
La corriente de esta segunda bobina, producirá su propio campo magnético, reforzando (o debilitando) el campo, por lo que la laminilla del audífono se moverá, o vibrará, a la frecuencia de este campo, transmitiendo su vibración al aire, que reproducirá el sonido original.
Este aparato rudimentario, este juguete, que no necesitaba baterías, sólo podía transmitir el sonido a poca distancia, por amortiguarse la corriente con la resistencia del circuito.
Igual que con los motores, podríamos extendernos indefinidamente en explicar todos los adelantos que se han logrado en este campo de la telefonía.
No obstante, hablaremos brevemente de algunos de los adelantos más importantes logrados en los últimos tiempos en este ramo:
Primero se convirtieron las señales de analógicas a digitales (veremos que es esto en el capítulo 1+1=10) convirtiéndolas en esta clase de números, con lo que se aumentó increíblemente la fidelidad.
Con ello se pudieron enviar a lo largo de fibras de vidrio, convirtiéndolas en señales de luz, en lugar de los antiguos alambres de cobre pudiéndose transmitir a un costo muchísimo menor.
También se pudieron transmitir por medio de satélites (los veremos en el capítulo "Las parabólicas") y como señales de radio de alcance en "células", espacios circulares repartidos por todo el País, entrelazados entre sí, que actualmente se conocen como teléfonos celulares.
Alejandro Bell no daría crédito a sus oídos al escuchar conversaciones no solo del otro lado del mundo, transmitidas por fibras ópticas, sino provenientes de los aviones o de naves en el espacio transmitidas por sistemas digitales con una fidelidad increíble.
Quizás él también exclamaría como don Pedro:
¡Dios mío!, ¡habla!
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Última revisión: Domingo, 19 Noviembre 2006.