ELECTRICIDAD Y ESAS COSAS
Capítulo 24

¡NUESTRA NIÑA YA CAMINA!
 
 


Autor:

Ing. Víctor Cires
 Gavidia

Octubre, 2003

P

ienso que llevamos recorrida una parte del trayecto, por pequeña que sea, en nuestro conocimiento de la electricidad y esas cosas, que nuestra niña ya no gatea, sino que empieza a caminar.
Así sucedía en el mundo, cuando Maxwell se dio a la tarea de encontrar la "constante de transformación de las unidades

eléctricas en unidades magnéticas".
Resultaba que en estos dos campos (literalmente), se utilizaban diferentes unidades de medición.
Cuando los ingleses y los franceses empezaron a comerciar, se encontraron con que utilizaban diferentes unidades de medida.
Los franceses les querían comprar tela de lana hecha en Escocia, pero los ingleses se las vendían en yardas y los franceses se las querían comprar en metros.
Los ingleses les querían comprar vino a los franceses, pero necesitaban saber cuantos litros les debían de dar por cada galón.
Es decir, necesitaban "constantes de transformación" de un sistema de medidas en otro.
Cuantas yardas por metro, cuantos litros por galón, etc.
Así también se habían establecido sistemas o unidades de medida en los campos eléctricos y magnéticos.
Pero cuando Faraday convirtió unos en otros, se necesitaba establecer la "constante de transformación" de un sistema de medidas en el otro.
Maxwell se echó a cuestas esta tarea y encontró que la constante de transformación de las unidades eléctricas en magnéticas era
¡La velocidad de la luz!
¡Si!, 300 000 km. por segundo, era la constante que se debía aplicar a un sistema de unidades para convertirlo en el otro.
A Maxwell, con toda razón, se le hizo que esto era demasiada casualidad y que debía haber una razón para ello.
Entonces estableció su Teoría Electromagnética de la Luz, diciendo en otras palabras, que la luz era una radiación electromagnética en el Espacio.
Lo más transcendental era que su constante de transformación era una "CONSTANTE".
O sea que la velocidad de la luz es una "constante", es decir es "absoluta".
Así como el "cero absoluto" de temperatura es la temperatura mínima a la que pueden llegar las moléculas.
Recuerden que la temperatura es el movimiento de las moléculas y cuando están en reposo (ya no pueden estar más quietas) se alcanza el cero absoluto de temperatura 273 grados centígrados bajo cero, (cero grados centígrados es la temperatura de fusión del hielo).
Así Maxwell encontró que su "constante" era la velocidad de la luz y quizás él mismo no se dio cuenta de la trascendencia que esto implicaba.
Las consecuencias de la constancia de la velocidad de la luz, años después, cimbró el mundo de la Física (nos movió el tapete).
Pero no adelantemos acontecimientos.
La velocidad de la luz, ya se había determinado por muchos procedimientos.
Galileo intentó medirla, colocando a su ayudante en la punta de un cerro con una luz y él colocándose en la punta de otro con otro candil.
 Sus instrucciones eran que su ayudante destapara su candil en cuanto viera la luz proveniente del candil de Galileo, que haría lo propio y así, conociendo la distancia que los separaba y midiendo el tiempo en que volvían a ver la luz, podrían calcular su velocidad.
No pudo lograr su propósito, pues la velocidad de la luz es tan grande (le da siete y media vueltas a la Tierra en un segundo), que se tardaban más en reaccionar para medir el tiempo, que lo que tardaba la luz en hacer el recorrido.
El primero que pudo lograr medir la velocidad de la luz en un laboratorio en la Tierra, pues los astrónomos ya lo habían hecho en el Espacio, fue Armando Fizeau.
Su experimento consistió en colocar un disco ranurado, que podía hacer girar a gran velocidad en la trayectoria de un rayo de luz.
Pudo dirigir su rayo de luz, de forma que pasara por una ranura del disco y reflejándose en un espejo colocado del otro lado del disco, recorriera el camino de regreso hasta su ojo.
Ajustó su aparato de manera que, estando el disco parado, el rayo de luz pasara por la ranura, llegara hasta el espejo donde se reflejaba y regresaba pasando por la misma ranura hasta su ojo.
Empezó a girar su disco, cada vez más rápidamente, hasta que llegó un momento en que dejó de ver la luz reflejada.
Dedujo que, mientras el rayo de luz recorría el camino desde la ranura hasta el espejo y recorría el camino de regreso, su disco había girado una fracción de vuelta, suficiente para hacer que el rayo de luz en su camino de regreso se encontrara con que la ranura por la que había pasado de ida, había sido sustituida por la parte sólida del disco existente entre una y otra ranura.

Calculó que si giraba el disco al doble de velocidad, debería ver la luz reflejada, pues el rayo de ida hacia el espejo, pasaría por una ranura y de regreso se encontraría la siguiente por la que podría pasar.
Así sucedió efectivamente y calculando la velocidad periférica del disco, es decir el tiempo que tardaba la ranura en ser sustituida por la parte sólida y la distancia del espejo al disco, pudo calcular la velocidad de la luz en ese recorrido, encontrando el valor de 300 000 km. por segundo.
Desde luego que es una velocidad muy grande, es decir, muy grande para algunas cosas, pero no lo suficiente para otras.
Claro que para cualquier medida que hagamos en la Tierra, esta velocidad es lo suficientemente rápida, podemos saber lo que sucede en el otro lado del Mundo en un abrir y cerrar de ojos, 1/15 de segundo después de que ha sucedido, es decir "casi" instantáneamente.
Pero no sucede así en el Espacio, donde las distancias son tan grandes, que la luz de la estrella más próxima a nosotros, la estrella Alfa de la constelación del Centauro, tarda más de cuatro años en llegar a la Tierra.
Eso hace, que no sepamos que es lo que está sucediendo en este instante en otra parte del Universo, dicha estrella, pudo haber desaparecido o explotado  en este momento, convirtiéndose en una super nova, sin que nos enteremos hasta dentro de cuatro años, en que nos llegue su luz.
Y eso que ésta es la más próxima, ni que decir de otros cuerpos en el espacio, que están tan lejos que su luz tarda en llegarnos muchos años, centenas o miles de años, en que su luz viene viajando hacia nosotros a 300 000 km. por segundo.
Maxwell encontró que esa es la velocidad de las ondas electromagnéticas en el espacio.
Sus ecuaciones (el idioma en que hablan los matemáticos), partieron del concepto de considerar qué es lo que sucede en un punto en el espacio a cierta distancia de un conductor, por el que circula una corriente eléctrica.
En dicho punto, en cualquier momento, existirán dos campos: el eléctrico y el magnético, que podemos representar por dos vectores perpendiculares entre sí.
Si consideramos un punto en el espacio a cierta distancia del conductor, cuando la corriente en dicho conductor es cero, no hay corriente, el valor del campo eléctrico y del campo magnético, debidos a dicha corriente, debe también ser cero.
Un instante después, que circula la corriente, se sienten en ese punto, el campo eléctrico y el magnético, debidos a dicha corriente, quiere decir que dichos campos, se han propagado, se han formado desde el conductor hasta ese punto.
¿Cual es la velocidad de esta propagación?, es decir, ¿a qué velocidad se han extendido en el espacio dichos campos?
Esto es lo que analizó Maxwell, partiendo de la consideración, debida a Faraday, que el campo eléctrico debía de inducir (producir) el magnético y éste debía producir nuevamente el eléctrico; por lo que la velocidad de propagación, debía de ser la transformación de uno en otro, cuya constante había encontrado de sus unidades, ser la velocidad de la luz.
Si hacemos vibrar una cuerda de cualquier instrumento musical, un violín, una guitarra, etc. el movimiento de la cuerda, impulsa a las moléculas del aire que la rodea y éstas a su vez transmiten dicho movimiento a las próximas, es decir se produce una onda de presión en el aire que se propaga a la velocidad del sonido.
Cualquier movimiento que hagamos en el aire, transmitirá esta onda de presión.
Así se han podido hacer alarmas contra ladrones, que detectan cualquier movimiento que se produzca en una habitación.
Cualquier ruido que podamos percibir, es una onda de presión que llegó a nuestros oídos, transmitida por el movimiento de las moléculas del aire.
Un sonido, es una vibración armónica sostenida al cual entran en resonancia en el laberinto de nuestro oído, algunos de los pelillos auriculares, que transmiten dicha vibración a las células nerviosas auditivas.
El rango de frecuencia de los sonidos que podemos escuchar es limitado y varía, según la edad de la persona, de 60 o 100 ciclos por segundo, hasta 15,000 o 18,000 ciclos por segundo, es decir desde los más graves a los más agudos.
Existen sonidos de mucha más frecuencia, que nosotros no podemos oír, algunos animales como los perros o los delfines, pueden escuchar sonidos de una frecuencia más alta y hay otros, "ultrasonidos", que ni ellos los escuchan.
Cualquier corriente, en cualquier conductor eléctrico, va a producir un campo eléctrico y un campo magnético, que se propagan en el "espacio", a la velocidad de la luz.
Si queremos transmitir un sonido, hacemos vibrar una cuerda, que lo va a producir a su frecuencia de resonancia.
En forma similar, si queremos transmitir una radiación electromagnética, hacemos circular una corriente alterna en un conductor que sea resonante a la frecuencia de dicha corriente.
Nuestro organismo puede detectar los sonidos, dentro de determinado rango de frecuencias, gracias al oído.
También puede detectar las radiaciones electromagnéticas dentro de determinado rango de frecuencias.
Es decir, podemos producir determinadas radiaciones electromagnéticas que nuestro organismo puede detectar directamente.
 ¿No lo sabían?
Al rango de frecuencia de las radiaciones electromagnéticas que nuestro organismo puede detectar se llama "espectro luminoso".

 
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Última revisión: Domingo, 19 Noviembre 2006.